Los padres Scalabrinianos juegan un papel muy importante en la creación de esta nueva casa de las Hijas de San Farina. Ellos estaban al frente de la capellanía de Santa María de la Cruz, en la Colonia Francisco Sarabia, conociendo la labor de las religiosas les ofrece un terreno muy cercano a la iglesia para que allí asienten su comunidad.

El 8 de octubre de 1999 llega desde Ecuador a México, un grupo de misioneras para crear la Comunidad Dorotea de Guadalajara-Jalisco. Ocho días después, el 16 de octubre del 1999, ocupaban su nueva casa, conformada simplemente por dos pequeños dormitorios y una cocina comedor, en la calle López portillo N° 37.

La actividad directa y más efectiva para iniciarse con pie firme en un país lejano fue visitar a las familias de la colonia presentándose como misioneras, lo cual les permitía también conocer la forma de vida, costumbres, necesidades materiales y espirituales de la población.

Poco a poco incrementaron su trabajo colaborando con la liturgia y la catequesis infantil de la parroquia y buscando la fórmula apropiada para acercarse a los jóvenes. La reciprocidad de la gente no se hizo esperar; a menudo comenzaron a tocar la puerta para dejar a las religiosas alguna contribución material, a cambio de una oración.

A los ocho meses de haber colaborado con el “Programa de Parvularios” de Caritas de Guadalajara, este programa pasó a manos de la comunidad.  Se inició con 8 niños de 5 años, es decir de tercer grado de Kínder; en el segundo año ya fueron dos grupos de segundo y tercer grado; pero, al pasar de los años el incremento de niños ha sido sorprendente y halagador.

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