La Hija de los Sagrados Corazones entregada a la asistencia de los enfermos y ancianos, cumple esta misión eclesial con espíritu de amor del Corazón de Cristo que se presenta misteriosamente en las personas que sufren, para ofrecerles alivio, consuelo, esperanza y para estimular más eficazmente la caridad de quienes se dedican a ellos.

Cercana a quien sufre, la Hija de los Sagrados Corazones, quiere ser viva expresión evangélica de un amor paciente, diligente y matero, mirando, sobre todo, en cada servicio, el bien espiritual de sus asistidos.

PERSONAL ENFERMERÍSTICO SEGÚN SAN GIOVANNI FARINA

  1. Enfermeras, no se cansen de curar las llagas del cuerpo y con esto impriman, en lo posible, sentimientos morales y religiosos, tratando de resaltar el amor a la virtud, alejando, si está en sus manos, los peligros que conlleva el espíritu del mal.
  2. Ante las quejas y lamentaciones de los enfermos respondan con las caricias, el amor, la alegría, conservando siempre una actitud digna e inalterable.
  3. Deberán tener gran caridad y mucha paciencia. No rehusarán ningún servicio, aún el más bajo. Si la enfermedad es contagiosa, no abandonarán jamás a los enfermos. Cuando las circunstancias lo permitan, deben dar consejos para el alma. Si la enfermedad es gravísima, no dejarán nunca solo ni por un instante, al enfermo.
  4. Ustedes, cuidando el bienestar del cuerpo, se preocupan, también, del bien del alma. He aquí, los pobres enfermos yacen en el lecho del dolor, esperando que ustedes les atiendan.
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